Ahora ya sé, por Clara*


Bueno, estoy re-triste. Ya empiezan las despedidas de la gente más importante. El miércoles vuelve a Argentina Luis, el porteño-salteño que me recibió en su casa cuando llegue a Dublin.
Hoy hicimos empanadas caseras para Betty y al final de la comida cada uno le dijo cosas a Luis. Todo fue muy emotivo y, ahora que soy una mujer que llora cuando quiere llorar, lloré. Hablamos de cómo son las relaciones cuando estás de viaje, que son lazos más fuertes, que si algún día volvemos a Dublin no va a ser lo mismo porque Dublin es esto por la gente con la que estamos, que los amigos que conoces acá son más hermanos que amigos.
Me acordé de cuando llegué: sola, perdida, con miedo, con mil quilombos en la cabeza, no entendía nada, y que estos chicos argentinos me recibieron en su casa casi sin conocerme, me ayudaron a hacer todos los trámites, a buscar hostel, a ubicarme en la ciudad. Dormía en el sillón del living y, a la mañana, Luis me despertaba y tomábamos café con leche que hacia él. Y hoy, cuatro meses más tarde, ya empieza la cuenta regresiva: en cinco meses voy a estar dejando Dublin para viajar unas semanas, y después volver a Argentina por dos meses.
Y es raro, porque cada día que pasa es el último, cada momento con cada persona DE VERDAD es el último. Tengo la misma sensación que tenía cuando estaba en el último año del colegio: una felicidad-angustia infinita, porque sabía que ya se terminaba.
Creo que estoy viviendo la peor parte del viaje, de despedir a gente increíble, que cambió mi vida, que me acompañó en estos meses de tantos cambios. Capaz que ésta es una de las tantas ''reglas del juego'' de viajar: llegás, tratás de establecerte, y cuando te establecés, ya te vas y la gente se va. Y todo sigue.
Es como que la vida es muy corta para tomársela en serio, y más corta todavía como para no vivir cada día como si fuera el último, o cada momento como si fuera el mejor. Estoy aprendiendo que todo es temporal. Ahora ya sé que hay que vivir al máximo todo, porque se va a terminar, no va a ser igual si intentás repetirlo, y que hasta los momentos más difíciles también pasan. Tenemos que ser más flexibles, no aferrarnos a las cosas, personas o relaciones, porque nada es seguro, nada es eterno. Si aprendiéramos a soltar más, seriamos más felices, más relajados, no tendríamos miedo a perder algo porque nada es nuestro totalmente, y no sufriríamos tanto.
Creo que es lo más filosófico que escribí en mi vida.
Hoy hice una lista de las cosas que tengo que hacer antes de morirme, ¡y ya tengo una hoja y media! Ya estoy haciendo algunas cosas, y para fin de año voy a poder cumplir más.

Nota al margen: viajeros experimentados, psicólogos y gente relajada y con la vida resuelta, abstenerse de comentarios tales como ''te lo dije'', ''no tenés que irte al otro lado del mundo para darte cuenta de eso'', ''pendeja, todo lo que te falta aprender...''.
Para mí, es un antes y un después en mi vida, y tengo que agradecer a todas las personas que me ayudaron a tomar esta decisión, a los que estuvieron conmigo siempre y creyeron en mí. Si no fuera por su apoyo incondicional, no estaría hoy acá.
Voy a llorar.
Bueno, no; si digo que voy a llorar no me sale llorar.
Estoy muy feliz, no quiero morirme nunca. De verdad.

*Clara Combín nació en Río Gallegos; comenzó sus estudios universitarios en Córdoba, lugar descubrió que lo que necesitaba no era un título sino recorrer el mundo. A los 22, se aventuró hacia Irlanda, donde vive entre tréboles y leprechauns.


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